Cuentos populares
Cuentos populares Se apoderó de mà un sentimiento de odio; los pasos se iban acercando, se acercaban cada vez más. ¿PasarÃa por allà para ir al salón? No. La puerta rechinó sobre sus goznes y se presentó ella, con su estatura bien proporcionada, su talle esbelto y su aspecto gracioso, agradable. En los rasgos todos de su rostro, asà como en sus miradas, se observaba una timidez, una expresión insinuante que querÃa disimular, pero que saltaba a los ojos y cuyo alcance comprendà en seguida. Me faltaba poco para ahogarme, de tal manera contuve la respiración, y sin dejar de mirarla tomé un cigarrillo y lo encendÃ.
—«¿Qué significa esto? Vengo a hablarte y enciendes un cigarro —dijo sentándose a mi lado y apoyando la cabeza en mi hombro. Y yo me retiré para no tocarla—. Ya veo que te gustarÃa más que yo no tocase el domingo» —añadió.
—«Pues estás equivocada» —contesté.
—«¿Te has figurado que no lo he comprendido?».
—«Si lo comprendes, te felicito. Lo que estoy yo viendo es que te portas como una mujer de poco más o menos».
—«Si has de empezar a hablar de esa manera, me marcho».