Cuentos populares
Cuentos populares Recordé entonces la expresión de sus rostros cuando, después de tocar la Sonata a Kreutzer, tocaron un fragmento musical, no sé de quién, que era excesivamente sensual. ¿Cómo habÃa podido irme de viaje? —me dije acordándome de aquella expresión—. ¿No estaba muy claro que se habÃan puesto de acuerdo aquella misma noche? ¿No aparecÃa con toda claridad que en adelante nada les separaba y que lo que habÃa sucedido los puso a ambos, sobre todo a ella, en cierto apuro? Me parecÃa que la veÃa con su sonrisa dulce y venturosa, enjugándose el rostro coloreado y bañado en sudor. Sus miradas se esquivaban, y sólo fue durante la cena y en el momento en que él le sirvió un vaso de agua cuando cambiaron una mirada y una imperceptible sonrisa. Recordaba con terror la expresión de esa mirada y de esa sonrisa apenas perceptibles. «Es cosa hecha,» me decÃa una voz, mientras que otra voz contestaba: «Es una idea fija, una obsesión, algo imposible».