Cuentos populares
Cuentos populares —No, no hace falta —le dije a Igor, que querÃa avisar de mi llegada—. Vale más que tomes este billete y te vayas a la estación a recoger mi equipaje. Anda, deprisa.
Y se marchó por el corredor para ir a buscar su abrigo. Temiendo que los avisase, le acompañé hasta su cuarto y esperé a que se vistiera. Al lado, en el comedor, se oÃa rumor de voces, mezclado con el ruido de los platos y los tenedores. Estaban cenando y no habÃan oÃdo el campanillazo. «Con tal que no se marchen…», murmuré mientras Igor acababa de ponerse el abrigo y se marchaba, cerrando yo la puerta tras de sÃ.