Cuentos populares
Cuentos populares Sin objeción alguna se marchó. Me levanté, cerré la puerta, cogà los fósforos y los cigarrillos y empecé a fumar. No habÃa acabado el primer cigarrillo cuando me fue dominando el sueño, y durante dos horas dormà tranquilamente. Soñé, lo recuerdo muy bien, que estaba en buena armonÃa con mi mujer, y que, después de haber discutido, Ãbamos a hacer las paces cuando un obstáculo nos lo impidió, pero a pesar de eso seguÃamos queriéndonos.