Cuentos populares
Cuentos populares Aquà la hierba era corta; no obstante, Iván no podÃa manejar la hoz Se enfadó, y lanzóla con todas sus fuerzas, partiendo por la mitad la cola del diablillo, que permanecÃa oculto tras un arbusto. Concluido su trabajo, ordenó a su hermana que recogiera el heno, y se fue por su lado, provisto de una zapa a cortar el centeno.
El diablejo habÃa enredado los tallos e Iván tuvo de volver a casa, dejar la zapa que de nada le servÃa, y tomar de nuevo la hoz para segar. Y cortó asà todo el centeno.
—Es preciso ahora que me apresure para la avena —dÃjose.
El diablillo de la cola cortada le oyó, y pensó:
—No pude impedir que segara el centeno, pero veremos quién puede en la avena. No necesito más que aguardar hasta mañana.
Y llegó, al rayar el dÃa, al campo de avena; mas ésta estaba ya cortada. Iván habÃa trabajado toda la noche.
El diablillo se incomodó, exclamando:
—La ha cortado toda. Ni en la guerra me cansé tanto ni tuve tantos apuros. No duerme el maldito y no hay manera de adelantársele. Iré ahora al pajar y haré que se pudra.