Cuentos populares
Cuentos populares —Pues ya lo estás fabricando —ordenó el Imbécil.
—Recoge estas hojas de roble —explicó el diablillo—, frótalas entre tus manos y verás caer el oro a raudales.
Iván tomó las hojas, las frotó y el oro cayó.
—Servirá para juguete de los niños.
El diablejo pidió la libertad e Iván. Cogiendo la pértiga, le soltó diciendo: Vete con. Dios.
De igual modo que los otros, apenas el Imbécil hubo pronunciado el santo nombre de Dios, el diablillo se hundió en los abismos de la tierra, como la piedra en el fondo del agua, y no quedó de su paso más rastro que un agujero.