Cuentos populares
Cuentos populares »Recuerdo que tenÃa un deseo vago e indeterminado, que no estaba en disposición de formular, y que todo lo que pasaba en torno mÃo me parecÃa extraordinario.
»Nuestras cuadras estaban situadas en un corredor caliente y oscuro, y se cerraban las puertas o cancelas de hierro a través de las cuales todo se podÃa ver.
»Mi madre me ofrecÃa su ubre, pero yo era aún tan ingenuo, que la rechazaba con el morro. De pronto se retiró mi madre a un lado: acababa de ver al palafrenero en jefe, que se aproximaba.
»Éste miró a través de los hierros de la puerta.
»—¡Calla! Acabas de parir, Babá —dijo, abriendo la puerta.
»Entró y me rodeó con sus brazos.
»—MÃralo, Farasié; parece pÃo.
»Yo me escabullà de sus brazos, pero, como no tenÃa bastantes fuerzas, caà de rodillas.
»Vamos a ver, diablillo —dijo.
»Mi madre se inquietó por aquello, pero, no atreviéndose a defenderme, se contentó con suspirar y se alejó.
»Los demás criados se agruparon en torno nuestro y empezaron a inspeccionarme.
»Todos reÃan al ver las manchas de mi pelo, y me daban los nombres más raros.