Cuentos populares
Cuentos populares Tarass el Zar necesitó comprar caballos. Envió a buscarlos; pera los comisionados regresaron, diciendo:
—Todos los buenos caballos están en las cuadras del mercader. Los adquirió para acarrear las aguas que han de llenar su estanque.
Asà quedaban sin realizar todos los proyectos de Tarass. Nadie querÃa hacer nada para él, mientras se hacÃa todo para el mercader. A Tarass sólo le llevaban el dinero para pagar los tributos.
Y el Zar tuvo tanto dinero, que no supo dónde meterlo; pero vivÃa muy mal. HabÃa renunciado a todas sus empresas, conformado con un vivir llevadero. En todo se veÃa contrariado. Sus criados, cocineros y cocheros, le habÃan abandonado para irse con el mercader. De suerte que hasta el alimento le faltaba. Cuando mandaba al mercado a sus servidores, lo encontraba desprovisto: todo lo habÃa comprado el mercader. A él solo le llevaban el dinero de las contribuciones.
Tarass el Zar se enojó y despidió al hombre, que asà lo perjudicaba, de su reino. Pero el mercader se estableció en la misma frontera y continuó su negocio. SeguÃan llevándoselo todo a cambio de su dinero, y al Zar, nada. Para éste, todo iba de mal en peor y Tarass pasaba dÃas enteros sin comer. Y empezó a correr el rumor de que el mercader se habÃa jactado de que, el dÃa menos pensado, comprarÃa al mismo Zar. Éste tuvo miedo y no supo ya qué hacer.