Cuentos populares
Cuentos populares —Debéis fijar el banco.
Los mujiks obedecieron y entonces se les dio bien el trabajo. El ahijado pernoctó con ellos y, después, siguió su camino. Anduvo durante todo el dÃa y toda la noche. Al amanecer, llegó a un lugar donde se hallaban unos pastores. Se detuvo a descansar junto a ellos. Los pastores, que ya habÃan recogido el ganado, trataban de encender una hoguera. Encendieron unas ramas secas y, antes de que se hubieran prendido, echaron encima ramas húmedas, con lo cual apagaron el fuego. Varias veces trataron de encender la hoguera del mismo modo, sin conseguirlo.
Entonces les dijo el ahijado:
—No os apresuréis tanto en echar las ramas húmedas, esperad primero que se prendan bien las secas. Entonces podréis echar las húmedas, que también se prenderán.
Los pastores hicieron lo que les aconsejaba el ahijado y entonces se les prendió la hoguera. Después de permanecer un rato con ellos, el ahijado volvió a ponerse en camino. Iba pensando qué significaba lo que habÃa visto, pero no llegó a entenderlo.
Después de caminar todo el dÃa, llegó a otro bosque donde habÃa una ermita. Se acercó y llamó a la puerta. Alguien preguntó desde dentro:
—¿Quién es?