Cuentos populares
Cuentos populares Diciendo esto, el bandido se disponía a seguir adelante. Pero el ahijado se lo impidió, asiendo las bridas del caballo.
—¡Suelta a este hombre!
El malhechor se irritó e hizo ademán de pegar al ahijado.
—¿Quieres correr la misma suerte que él? Ya te he dicho que te voy a matar. ¡Suelta el caballo!
Pero el ahijado permaneció impávido.
—No me impones, sólo temo a Dios. Deja en paz a este hombre.
El bandido se entristeció. Sacó un puñal y, cortando las cuerdas, dejó en libertad al hijo del comerciante.
—Marchaos los dos y no os volváis a poner ante mi vista —dijo.
El hijo del comerciante saltó del caballo y echó a correr.
El bandido iba ya a reemprender la marcha, pero el ahijado lo retuvo y le aconsejó que cambiara de manera de vivir.
El malhechor le escuchó en silencio, alejándose sin proferir palabra. A la mañana siguiente, el ahijado vio que había retoñado el segundo tizón.