Cuentos populares

Cuentos populares

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XII

Transcurrieron otros diez años. El ahijado no deseaba nada. No temía a nadie y en su corazón reinaba la alegría. «¡Qué bienestar tan grande concede Dios a los hombres! En vano se atormentan. Podrían vivir felices», se decía. Y recordó todo el mal de la humanidad. Y se compadeció de los hombres. «Hago mal en vivir así; es necesario ir a decir a los hombres lo que sé» —pensó.

Y entonces oyó que venía el bandido. Lo dejó pasar de largo. «No merece la pena de hablar con él, ni siquiera me entenderá». Pero después, cambió de parecer. Alcanzó al bandido, que cabalgaba, triste, mirando hacia el suelo. Lo contempló y se apiadó de él.

—Hermano querido, ¡compadécete de tu alma! No olvides que llevas en ti el soplo divino. Sufres, atormentas a tus semejantes y has de padecer aún más. ¡Dios te quiere tanto! No te pierdas, hermano. ¡Cambia tu vida! —exclamó el ahijado asiendo por una rodilla al malhechor.

Éste frunció el ceño y, volviéndose, dijo:

—¡Déjame!

El ahijado sujetó con más fuerza al bandido y se deshizo en lágrimas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker