Cuentos populares
Cuentos populares —Viejo, me has vencido. He luchado contra ti durante veinte años, pero has podido conmigo. Haz de mí lo que desees. Ya no tengo poder sobre ti. La primera vez que has tratado de convencerme tan sólo lograste irritarme. He meditado sobre tus palabras cuando supe que te habías apartado de la gente y que nada necesitabas de los hombres. Desde entonces, yo te ponía los mendrugos en la rama del árbol.
El ahijado recordó en aquel momento que la mujer sólo logró limpiar la mesa una vez que hubo aclarado el paño. Cuando él dejó de preocuparse de sí mismo, purificó su corazón y comenzó a purificar los de sus semejantes.
—Mi corazón se conmovió al ver que no temías a la muerte —prosiguió el bandido.
El ahijado recordó entonces que los artesanos sólo pudieron curvar los arcos cuando fijaron el banco. Cuando él dejó de temer a la muerte afianzó su vida en Dios y venció un corazón invencible.
—Mi corazón se dulcificó solamente cuando te compadeciste de mí y te echaste a llorar.