Cuentos populares
Cuentos populares —Otra cosa. Acerca, por favor, esa silla. No, la otra, y pónmela debajo de los pies. Me siento mejor cuando tengo los pies levantados.
Gerasim acercó la silla, la colocó suavemente en el sitio a la vez que levantaba los pies de Ivan Ilich y los ponía en ella. A éste le parecía sentirse mejor cuando Gerasim le tenía los pies en alto.
—Me siento mejor cuando tengo los pies levantados —dijo Ivan Ilich—. Ponme ese cojín debajo de ellos.
Gerasim así lo hizo. De nuevo le levantó los pies y volvió a depositarlos. De nuevo Ivan Ilich se sintió mejor mientras Gerasim se los levantaba. Cuando los bajó, a Ivan Ilich le pareció que se sentía peor.
—Gerasim —dijo—, ¿estás ocupado ahora?
—No, señor, en absoluto —respondió Gerasim, que de los criados de la ciudad había aprendido cómo hablar con los señores.
—¿Qué tienes que hacer todavía?
—¿Que qué tengo que hacer? Ya lo he hecho todo, salvo cortar leña para mañana.
—Entonces levántame las piernas un poco más, ¿puedes?
—¡Cómo no he de poder! —Gerasim levantó aún más las piernas de su amo, y a éste le pareció que en esa postura no sentía dolor alguno.
—¿Y qué de la leña?