Cuentos populares
Cuentos populares Últimamente, durante la soledad en que se hallaba, ¡con la cara vuelta hacia el respaldo del sofá, esa soledad en medio de una ciudad populosa y de sus numerosos conocidos y familiares —soledad que no hubiera podido ser más completa en ninguna parte, ni en el fondo del mar ni en la tierra—, durante esa terrible soledad Ivan Ilich habÃa vivido sólo en sus recuerdos del pasado. Uno tras otro, aparecÃan en su mente cuadros de su pasado. Comenzaban siempre con lo más cercano en el tiempo y luego se remontaban a lo más lejano, a su infancia, y allà se detenÃan. Si se acordaba de las ciruelas pasas que le habÃan ofrecido ese dÃa, su memoria le devolvÃa la imagen de la ciruela francesa de su niñez, cruda y acorchada, de su sabor peculiar y de la copiosa saliva cuando chupaba el hueso; y junto con el recuerdo de ese sabor surgÃan en serie otros recuerdos de ese tiempo: la niñera, el hermano, los juguetes. «No debo pensar en eso… Es demasiado penoso» —se decÃa Ivan Ilich—; y de nuevo se desplazaba al presente: al botón en el respaldo del sofá y a las arrugas en el cuero de éste. «Este cuero es caro y se echa a perder pronto. Hubo una disputa acerca de él. Pero hubo otro cuero y otra disputa cuando rompimos la cartera de mi padre y nos castigaron, y mamá nos trajo unos pasteles». Y una vez más sus recuerdos se afincaban en la infancia, y una vez más aquello era penoso e Ivan Ilich procuraba alejarlo de sà y pensar en otra cosa.