Cuentos populares
Cuentos populares Y de nuevo, junto con ese rosario de recuerdos, brotaba otra serie en su mente que se referÃa a cómo su enfermedad habÃa progresado y empeorado. También en ello cuanto más lejos miraba hacia atrás, más vida habÃa habido. Más vida y más de lo mejor que la vida ofrece. Y una y otra cosa se fundÃan. «Al par que mis dolores iban empeorando, también iba empeorando mi vida» —pensaba—. Sólo un punto brillante habÃa allà atrás, al comienzo de su vida, pero luego todo fue ennegreciéndose y acelerándose cada vez más. «En razón inversa al cuadrado de la distancia de la muerte» —se decÃa—. Y el ejemplo de una piedra que caÃa con velocidad creciente apareció en su conciencia. La vida, serie de crecientes sufrimientos, vuela cada vez más velozmente hacia su fin, que es el sufrimiento más horrible. «Estoy volando…». Se estremeció, cambió de postura, quiso resistir, pero sabÃa que la resistencia era imposible; y otra vez, con ojos cansados de mirar, pero incapaces de no mirar lo que estaba delante de él, miró fijamente el respaldo del sofá y esperó —esperó esa caÃda espantosa, el choque y la destrucción—. «La resistencia es imposible —se dijo—. ¡Pero si pudiera comprender por qué! Pero eso, también, es imposible. Se podrÃa explicar si pudiera decir que no he vivido como debÃa. Pero es imposible decirlo» —se declaró a sà mismo, recordando la licitud, corrección y decoro de toda su vida—. «Eso es absolutamente imposible de admitir —pensó, con una sonrisa irónica en los labios como si alguien pudiera verla y engañarse—. ¡No hay explicación! Sufrimiento, muerte… ¿Por qué?».