Cuentos populares

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Después de la muerte del padre, cuando los hermanos quisieron repartir la herencia, resultó que había tantas deudas, que el apoderado llegó a aconsejarles que se quedasen con la finca de la abuela, valorada en cien mil rublos, y renunciasen al resto. Mas un terrateniente vecino, que había tenido tratos con el viejo Irténev, es decir, que poseía un pagaré con la firma de éste y había acudido a Petesburgo para hacerlo efectivo, dijo que, a pesar de las deudas, la cosa podría arreglarse y conservar una parte muy considerable de los bienes. Bastaba vender el bosque y algunos terrenos baldíos, y conservar lo principal, Semeónovskoe, con sus cuatro mil desiatinas de tierras negras, la fábrica de azúcar y las doscientas desiatinas de prados; eso sí, sería preciso consagrarse por entero a esta obra, irse a vivir al campo y administra la hacienda con sensatez e inteligencia.

Y Evgueni, que aquella primavera (su padre había muerto en la cuaresma) había ido a la finca y pudo verlo todo, decidió presentar la dimisión, irse a vivir al campo con su madre y dedicarse a este trabajo al objeto de conservar lo principal. Con su hermano, con quien no se llevaba muy bien, hizo lo siguiente: se comprometió a entregarle cuatro mil rublos anuales, o una suma de ochenta mil, a cambio de lo cual el otro renunciaba a su parte de la herencia.


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