Cuentos populares
Cuentos populares «SÃ, es ella, pero todo ha terminado y no tengo para qué mirarla. Aunque el niño puede ser mÃo —pasó por su imaginación—. Pero no, es un absurdo. Su marido estuvo aquÃ, y ella iba a verle». Ni siquiera trató de echar cuentas. Lo que hizo fue para bien de su salud, siempre le habÃa dado dinero y entre ellos dos no habÃa, no podÃa ni debÃa haber ninguna otra relación. No es que quisiese callar la voz de la conciencia, la conciencia no le decÃa nada en absoluto. Y no volvió a acordarse de ella ni una sola vez después de la conversación con su madre y de aquel encuentro. Y ni una sola vez volvió a tropezarse con ella.
En la semana siguiente a la pascua de Pentecostés, Evgueni contrajo matrimonio en la ciudad y seguidamente, en compañÃa de su joven esposa, se trasladó a la aldea. La casa habÃa sido renovada como de ordinario se hace para los recién casados. MarÃa Pávlovna se querÃa ir, pero Evgueni, y sobre todo Lisa, consiguieron que se quedara. Lo único que hizo fue trasladarse al pabellón contiguo.
Asà empezó para Evgueni una nueva vida.