Cuentos populares
Cuentos populares —No faltaba más. Ya hemos acabado.
—Será la mejor que venga conmigo.
—Ahora mismo, en cuanto tome la gorra. Tú, Tania, apaga el samovar —dijo Vasili Nikiláievich, saliendo alegremente.
Se le figuró a Evgueni que estaba algo bebido, pero ya no habÃa remedio; acaso fuese preferible, se harÃa mejor cargo de la situación.
—Vengo a hablarle de lo de ayer, Vasilli Nikoláievich —dijo Evgueni; de esa mujer.
—Comprendo. Ya he dado órdenes para que no la tomen en ningún modo.
—No se trata de eso; querÃa aconsejarme con usted. ¿No se podÃa hace que se marchara, que se fuera con toda su familia?
—¿Adónde la vamos a mandar? —preguntó Vasili Nikoláievich, en un tono que a Evgueni se le figuró descontento y burlón.
—Yo pensé que se les podÃa dar dinero o incluso tierra, en Kotlóvskoe. Lo que quiero es que ella no esté aquÃ.
—¿Y cómo vamos a obligarlos? ¿Cómo van a apartarse de su aldea? ¿Qué le pasa? ¿Es que le molesta?
—Comprenda, Vasili Nikoláievich, el disgusto que mi mujer se llevará cuando se entere.
—¿Y quién se lo va a decir?