Cuentos populares
Cuentos populares Evgueni se encontraba en aquel momento junto a la cama. Lisa le miró y con una mano húmeda, que descansaba sobre la colcha, cogió la suya y la apretó. «Aguántate, hazlo por mÃ. Ella no constituye un obstáculo para que nosotros nos queramos», le dijo su mirada.
—No lo haré. Asà es —murmuró él, y besó su mano húmeda y larga, y luego sus ojos, que se cerraron al recibir el beso—. ¿Es que se va a repetir? —dijo luego—. ¿Cómo te encuentras?
—Me da miedo decirlo, pero tengo la sensación de que vive y vivirá —contestó Lisa mirando su vientre.
—Es terrible, es terrible pensarlo siquiera.
Aunque Lisa insistió mucho en que se retirara, Evgueni se quedó con ella, con un ojo abierto y dispuesto a atenderla. Pero pasó bien la noche y, si no hubiesen llamado al médico, acaso se habrÃa levantado.