Cuentos populares
Cuentos populares Él lo vio, pero hizo como si no lo advirtiera; trató de parecer alegre y despreocupado; contó cómo había reunido los caballos y cómo la yegua «Kavushka» había ido perfectamente de encuarte izquierdo.
—Sí, se comprende; es el momento más oportuno para hacer salir los caballos, cuando hace falta ayuda. Seguramente también tirarán al médico a una zanja —dijo Varvara Alexéievna, mirando por debajo de los lentes su labor, que había acerado a la lámpara.
—Era necesario hacerlo. He arreglado las cosas como mejor creía.
—Recuerdo muy bien la manera como sus caballos me arrastraron a la entrada.
Se trataba de una vieja invención de la suegra, y ahora él cometió la imprudencia de decir que las cosas no habían sido así.
—Por algo digo siempre, y se lo he repetido muchas veces al príncipe, que lo peor de todo es vivir con gente embustera y falsa; todo lo aguanto, menos eso.
—Pues me parece que es a mí a quien más afecta —dijo Evgueni.
—Ya se ve.
—¿Qué?
—Nada, estoy contando los puntos.