Cuentos populares
Cuentos populares —Pensé que era algo por alto sin importancia, que lo cortarÃa y ahà acabarÃa todo. Lo corté antes de la boda y casi durante un año ni la vi ni pensé en ella —a Evgueni se le hacÃa raro escucharse, oÃr la descripción del estado en que se encontraba—; luego, de pronto, no sé por qué (la verdad es que a veces cree uno en los hechizos), volvà a verla, se me metió un gusano en el corazón y no cesa de roerme. Me increpo a mà mismo, comprendiendo el horror de mi acción, es decir, de lo que a cada momento podrÃa hacer, y yo mismo voy a buscarla, y si no lo he hecho es porque Dios me salvó. Ayer, cuando Lisa me llamó, iba a buscarla.
—¿En plena lluvia?
—No puedo más, tÃo, y he decidido a abrirle mi corazón y pedirle ayuda.
—SÃ, se comprende; dentro de tu propia hacienda no está bien. Se sabrÃa. Comprendo que Lisa está delicada y que hay que cuidarla, pero ¿por qué en tu propia hacienda?
Evgueni no quiso tampoco ahora escuchar lo que el tÃo le decÃa y se apresuró a exponer la esencia de su problema.
—Sálveme de mà mismo. Es lo que le pido. Hoy, por casualidad, me han impedido consumar el hecho, pero mañana, otra vez, no me lo impedirán. Y ahora ella lo sabe. No me deje nunca solo.