Cuentos populares
Cuentos populares Cuando los Irténev volvieron a casa, en septiembre, eran ya cuatro, contando la niña y la nodriza, puesto que Lisa no la podía criar. Completamente libre de los horrores de antes, cuando Evgueni volvió era un hombre nuevo y feliz. Las inquietudes propias del parto, comunes a todos los maridos, hicieron todavía más fuerte el amor que sentía por su mujer. Cuando tomó la niña en brazos notó que había algo que movía a risa; era un sentimiento nuevo, muy agradable, como un cosquilleo. Otro factor nuevo en su vida era ahora que además las ocupaciones de la hacienda, en su lama, gracias a la amistad con Dumchin (el antiguo mariscal de la nobleza), había surgido otro interés, el de los asuntos políticos, en parte por ambición, y en parte por la conciencia del deber. En octubre debía celebrarse una asamblea extraordinaria en la que sería presentada en la que sería presentada su candidatura. Ya en casa, fue una vez a la ciudad y otra a visitar a Dumchin.
Ni siquiera pensaba en los tormentos de la seducción y la lucha, y le costaba trabajo imaginárselos. Se le figuraba como un acceso de locura que hubiera sufrido.
Hasta tal punto se sentía libre de todo esto, que en la primera ocasión, cuando se quedó a solas con el intendente, no vació en preguntarle. Como no era la primera vez que hablaban de esto, no sintió reparo en hacerlo: