Cuentos populares
Cuentos populares Alberto se exaltaba más y más, y estaba muy lejos ya de parecer feo y grotesco; con el violÃn apretado a la barbilla, tocaba apasionadamente, agitando nervioso las piernas o enderezándose o encorvando todo el cuerpo. MantenÃa el brazo izquierdo plegado e inmóvil, y sólo sus huesudos dedos se movÃan nerviosamente, mientras el brazo derecho se movÃa con lentitud, de una manera casi insensible y elegante.
Su cara revelaba el entusiasmo y la felicidad más completos; estaba su mirada brillante y clara y sus labios enrojecidos se entreabrÃan de placer. A veces inclinaba más la cabeza sobre el violÃn, cerraba los ojos, y su cara, casi cubierta por la cabellera, iluminábase con una sonrisa de dicha inmensa.
Otras veces enderezábase rápidamente, avanzaba una pierna, y en su pura frente y en su ardiente mirada, que paseaba alrededor de la sala, aparecÃan grabadas la arrogancia y la fiereza con que sentÃa su poder.
Dio el pianista de pronto una nota falsa y un gran sufrimiento fÃsico se expresó en todo el músico.