Cuentos populares
Cuentos populares Paróse un momento y golpeando el suelo con el pie, gritó en tono de cólera infantil: «¡No es eso!». El pianista recobró el compás y Alberto entonces cerró los ojos, sonrió, y olvidándose visiblemente de sí mismo y de los demás, se abandonó completamente a su música. Cuantos se hallaban en el salón mientras Alberto tocaba, guardaron un silencio religioso y parecían no vivir ni respirar siquiera.