Cuentos populares
Cuentos populares Delessov contemplaba a su vecino. Éste, envuelto en la capa, yacía cerca de él. Parecíale a Delessov que una cabeza alargada, con una gran nariz negra, se balanceaba sobre el cuerpo del músico, pero, mirándolo más de cerca, vio que lo que tomaba por la nariz y la cara eran los cabellos, y que su rostro estaba más abajo. Entonces la hermosura de la frente y de la boca cerrada de Alberto le impresionaron de nuevo. Bajo la influencia del cansancio, de los nervios, de la hora avanzada y de la música que había oído, Delessov, mirándole el rostro, se transportó de nuevo al mundo feliz entrevisto unas horas antes. Otra vez recordó el tiempo feliz de su juventud, y ya no se arrepentía de su acción. En aquel momento quería a Alberto con sinceridad y con vehemencia, y se prometía firmemente hacer por el cuanto le fuera posible.