Cuentos populares
Cuentos populares «SÃ, es el mejor y el más feliz» —repetÃa involuntariamente en su imaginación—. A través de la puerta oÃanse los compases de la polka y sus sonidos decÃanle también que era el mejor y el más feliz. De la cercana iglesia oÃase el continuo repique de campanas las cuales repetÃan: «SÃ, es el mejor y el más feliz…».
Iré otra vez a la sala —pensó Alberto—; Petrov debe estar hablando todavÃa. En la sala ya no habÃa nada; y en vez de Petrov, estaba Alberto subido en el estrado, tocando con el violÃn todo lo que antes decÃa la voz. Pero el violÃn era muy raro, era todo de cristal. Lo tenÃa que coger con las dos manos y apretarlo con fuerza contra el pecho para que tocara.
Los sonidos eran tan dulces y agradables, que Alberto no habÃa oÃdo nunca nada que lo igualase; mientras más apretaba el violÃn contra su pecho, los sonidos eran más encantadores, dulces y rápidos. Y se iluminaban las paredes de una luz transparente.