Cuentos populares
Cuentos populares Era, sin duda alguna, su amada; su vestido era el mismo, un hilo de perlas rodeaba su blanquÃsimo cuello, y llevaba los brazos desnudos hasta el codo; aquella mujer le cogió la mano y le condujo fuera de la sala.
—«La salida es por el otro lado» —dijo Alberto—; la mujer no contestó y con la sonrisa en los labios le llevó fuera de la sala. Al llegar al umbral, Alberto vio el agua y la luna; pero el agua no estaba abajo como es lo natural ni la luna en el cielo, sino que la luna y el agua estaban arriba, abajo y por todas partes. Alberto lanzóse con ella hacia la luna y hacia el agua y comprendió que podÃa besar y abrazar a la que más amaba en el mundo. Mientras la besaba sentÃa en todo su ser una felicidad sin lÃmites.
—«¿No es un sueño?» —se pregunta—. Pero no, era la realidad, más que la realidad; era la realidad y el recuerdo. PresentÃa que la felicidad inapreciable que gozaba en aquellos instantes, pasarÃa para no hallarla nunca más.
«¿Por quién, pues, lloro?» —le preguntó—. Ella le miraba triste y silenciosamente. Alberto comprendió lo que aquello querÃa decir.
—Pero ¿cómo puede ser si aún estoy vivo?" —pronunció.
La mujer, sin responderle e inmóvil, miraba hacia adelante.