Cuentos populares
Cuentos populares Caía desde la mañana una lluvia fina y fría, pero en casa del propietario no se preocupaban de ello.
En derredor de una mesa bien servida se hallaban reunidos el propietario, su mujer y el viejo militar.
La mujer, que estaba esperando un niño, se mantenía erguida y tiesa, pero su vientre se notaba ya claramente. Hacía con gracia los honores de la mesa, mientras el propietario abría una caja de cigarros, con fecha de diez años. Según él, nadie los tenía iguales.
El propietario era un arrogante mozo de veinticinco años, elegante y vestido a la moda por un sastre de Londres. Algunas alhajas adornaban la cadena de su reloj y hermosos botones de turquesa los puños de su camisa. Tenía la barba cortada a lo Napoleón III y llevaba las puntas de su bigote retorcidas hacia arriba.
La mujer llevaba puesto un traje de muselina de seda de grandes ramos. Adornaba su cabeza con gruesos pasadores de oro, y sus brazos con hermosas pulseras. El centro de mesa y los cubiertos eran de plata, y todo el servicio de porcelana de Sèvres.
El mozo del comedor, con traje negro y chaleco azul, permanecía derecho como un huso ante la puerta.
Los muebles y las colgaduras denotaban riquezas. Todo era bello, pero faltaban el gusto y la elegancia.