Cuentos populares
Cuentos populares —Padre Sergio, cambiaré de vida. No me abandone.
—Vete.
—Perdóneme y concédame su bendición.
—En nombre del Padre, del Hijo y del EspÃritu Santo —se le oyó al otro lado del tabique—. Vete.
La mujer prorrumpió en sollozos y salió de la celda. El abogado iba a su encuentro y le dijo:
—He perdido la apuesta, ya lo veo, paciencia. ¿Dónde quiere usted sentarse?
—Me da lo mismo.
Subió al trineo y en todo el camino de regreso no dijo ni una palabra.
* * *
Un año más tarde ingresó en un convento. Donde lleva una vida muy austera bajo la dirección del ermitaño Arsenio, quien de vez en cuando le escribe una carta.