Cuentos populares
Cuentos populares —Fuera, fuera. Os ha bendecido, ¿qué más queréis? ¡Hala, hala! Si no, os doy un trastazo. ¡Venga! ¡Eh, tú, vieja andrajosa! ¡Venga, en marcha! ¿Adónde te metes? Lo dicho: se acabó. Mañana Dios dirá, hoy no puede más, está desfallecido.
—¡Padrecito, déjeme que le vea la carita, sólo un instante! —decÃa la anciana.
—Te voy a dar yo buena carita, ¿dónde te metes?
El padre Sergio notó que el mercader obraba con mucho rigor y dijo con un hilito de voz al hermano lego que no echaran a nadie. SabÃa que de todos modos no le harÃan caso y tenÃa enormes deseos de permanecer solo, y de descansar, pero envió al hermano lego a transmitir sus palabras a fin de impresionar más a la gente.
—Está muy bien, está bien. No los echo, procuro convencerlos —respondió el mercader—; serÃan capaces de acabar con él. No tienen compasión, sólo piensan en sà mismos. Lo dicho: no es posible. Vete. Mañana.
Y el mercader los arrojó a todos.