Cuentos populares
Cuentos populares —La vendimos ya en vida de mi marido… y lo gastamos todo. HabÃa que vivir y yo no sabÃa hacer nada, como ocurre a todas las señoritas. Pero yo era de las más incapaces e inútiles. Asà fuimos consumiendo las pocas cosas que nos quedaban. Yo enseñaba a los hijos y al mismo tiempo aprendÃa algo. Entonces, cuando Mitia iba a la cuarta clase, se puso enfermo y Dios se la llevó. Masha se enamoró de Vania, mi yerno. Es buena persona, pero un desgraciado. Está enfermo.
—Mamita —exclamó su hija, interrumpiéndola—. Tome a Misha. No puedo hacerme pedazos.
Praskovia Mijáilovna se levantó y, calzada con sus gastados zapatos, salió con paso ligero para volver en seguida llevando en brazos a un pequeñuelo de dos años que se echaba hacia atrás agarrándole la pañoleta con ambas manos.
—¿Qué enfermedad tiene?
—Neurastenia, una enfermedad terrible. Consultamos. Nos dijeron que debÃamos ir a otro lugar, pero hacÃa falta dinero. No pierdo la esperanza de que le pase. No tiene nada que le moleste especialmente. Pero…
—¡Lukeria! —se oyó que gritaba Vania con voz enojada y débil—. Siempre la mandan a alguna parte cuando la necesito. ¡Abuela!…
—¡Ya voy! —Respondió Praskovia Mijáilovna, interrumpiéndose otra vez—. TodavÃa no ha comido. No puede comer con nosotros.