Cuentos populares
Cuentos populares —Pero entonces no habÃa caballos que trotasen tanto como los de hoy —le interrumpió el dueño de la casa—. Como sabes, mis caballos…
—¡Tus caballos…! Pero ¿acaso tienen comparación…? Me acuerdo como si hubiera sido hoy… Iba con mi caballo pÃo a las carreras… En aquel momento no tenÃa mis caballos en Moscú… No me gustaban los trotones; siempre he preferido los caballos de raza. El pÃo era mi caballo favorito. TenÃa en aquella época un buen cochero. También acabó mal… Pues, como te decÃa, llegué a las carreras…
—«Serpukovsky —me decÃan—, ¿dónde están tus trotones?
—«No los tengo; no tengo más que mi caballo pÃo. Apuesto a que os deja a todos atrás.
—«¡Imposible!
—«¿Apuestas mil rublos…?
«Aceptaron. El pÃo llegó a la meta cinco minutos antes que los demás, y gané la apuesta… Pero eso no es todo: yo he hecho, con mis caballos de raza, cien verstas en tres horas. Todo Moscú lo sabe».
Y Nikita se puso a hablar con tanto entusiasmo, que le fue imposible al dueño de la casa meter baza. Lo miraba con desesperación, y no hacÃa más que llenar su copa.