Cuentos populares
Cuentos populares Iba a amanecer y Nikita seguÃa hablando con animación de sus pasadas proezas: su huésped seguÃa escuchándole desesperado.
Por fin, se decidió a levantarse.
—Vayámonos a dormir —dijo Serpukovsky.
Y se levantó tambaleándose, y con paso vacilante se dirigió a las habitaciones que se le habÃan preparado.
El dueño de la casa comentaba con su mujer:
—No. ¡No hay quien pueda tolerar a Nikita! Está borracho, y ha hablado sin cesar ni detenerse un momento.
Y luego se permite hacerme la corte.
—Temo que me pida dinero.
Serpukovsky, por su parte, se arrojó en la cama vestido.
«Creo que he bebido bien —se dijo; pero ¿qué importa eso? Su vino es bueno, pero él es un cochino. Se ve en él enseguida al advenedizo. En cuanto a mi… también soy un cochino».
Y se echó a reÃr.
En otro tiempo era yo el que pagaba y ahora me pagan a mÃ… SÃ, la Winkler me mantiene… Le tomo dinero. Esto en él estarÃa bien… ¡Si pudiera desnudarme! ¡Si pudiera quitarme las botas…!.
—¡Eh! ¡Muchacho! —gritó; pero el criado se habÃa ido a acostar hacia ya tiempo.