Cuentos populares
Cuentos populares Se sentó. Se quitó el uniforme, el chaleco interior, los pantalones. Se quitó hasta una bota, pero le fue imposible quitarse la otra.
Se echó de nuevo en la cama y empezó a roncar con todas sus fuerzas, saturando la habitación con las emanaciones del vino y del tabaco.
Aquella noche no pudo entregarse Kolstomier a sus recuerdos. Vaska le echó una manta sobre el lomo, montó en él y salió a galope.
Lo dejó hasta la madrugada en la puerta de la taberna, en compañía del caballo de un aldeano.
Los dos caballos se lamieron mutuamente con cariño.
A la mañana siguiente, cuando Kolstomier volvió a la cuadra, se rascó con encarnizamiento.
—Esto me molesta —se dijo.
Pasaron cinco días. Llamaron al veterinario.
—Tiene sarna —dijo—. Vendedlo a los gitanos.
—¿Para qué? Vale más matarlo, y hoy antes que mañana.
El día se anunciaba hermoso.
Salió la yeguada y únicamente se quedó en casa Kolstomier.