Cuentos populares
Cuentos populares Un hombre raro, pobremente vestido con una túnica llena de remiendos, se acercó a él. Era el curtidor de pieles. Cogió al caballo por la brida y se lo llevó. Kolstomier le siguió con docilidad, arrastrando sus patas llenas de ampollas, heridas y pústulas. Al rebasar la puerta cochera, intentó dirigirse al abrevadero, pero el curtidor le tiró de la brida, diciendo:
—Es inútil.
El curtidor y Vaska se dirigieron a un sitio solitario a espaldas del corral del ganado. El curtidor le entregó las bridas a Vaska. Se quitó la túnica y sacó un cuchillo y una piedra de afilar. El caballo quiso morder el bocado como hacía de costumbre, pero Vaska no se lo permitió.
El ruido monótono que hacía el curtidor aguzando el cuchillo y sacándole filo adormeció al caballo, que permaneció inmóvil con el belfo inferior caído y los dientes al descubierto.
De pronto sintió que le rodeaban el pescuezo y que le levantaban la cabeza… Abrió los ojos y vio dos perros delante de él.
Uno de ellos seguía con interés los movimientos del curtidor; el otro, sentado sobre sus patas traseras, miraba como si esperase de él alguna cosa. El caballo, después de contemplar a los perros, empezó a frotar el morro contra la mano del curtidor.
Van a curarme, probablemente —se dijo—.