Cuentos populares
Cuentos populares Con frecuencia hallaba en las casas los libros del Evangelio y los leÃa en voz alta y entonces la gente le escuchaba conmovida y se sorprendÃa de oÃrle como si les leyera algo nuevo y a la vez muy conocido.
Cuando podÃa ayudar a alguien con un consejo o con un saber, o cuando convencÃa a los que reñÃan para que hicieran las paces, no encontraba agradecimiento alguno, pues se iba antes de que pudieran manifestárselo. Y poco a poco Dios comenzó a hacérsele presente.
Un dÃa iba de camino con dos ancianas y un antiguo soldado. Se encontraron con dos señores, un hombre y una mujer, que viajaban en coche tirado por un brioso animal, acompañados de otro varón y otra dama que montaban a caballo. Los que montaban a caballo eran el marido de la señora y la hija, mientras que en el coche iban la primera y un viajero que debÃa ser francés.
Al cruzarse con el pequeño grupo que iba a pie, estos señores lo hicieron parar. QuerÃan mostrar a aquel señor, probablemente francés, les pèlerins[18], gente que en vez de trabajar se pasa la vida caminando de un lugar a otro, siguiendo una tradición propia del pueblo ruso. Hablaban en francés, creyendo que no les entendÃan.
— Demandez-leur —dijo en francés— s’ils sont bien sûrs de ce que leur pèlerinage est agréable à Dieu[19]
Se lo preguntaron. Las viejecitas respondieron: