Cuentos populares
Cuentos populares El cochero soltó las riendas, fustigó al caballo de varas y de nuevo nos pusimos en marcha. Al cabo de media hora, se oyeron los cascabeles de antes, pero esta vez venían a nuestro encuentro. Eras las mismas tres troikas que volvían a la estación, con caballos de relevo atados detrás, después de haber dejado el correo. La primera, tirada por grandes caballos, con sus cascabeles de cazador, se deslizaba veloz al frente de las otras dos. El hombre que la guiaba iba en el pescante. Acuciaba a los caballos con enérgicos gritos. En cada uno de los otros dos trineos había dos hombres sentados dentro, y se oía su conversación alegre y animada. Uno fumaba en pipa y pude ver parte de su rostro iluminado por una chispa.
Al ver a esos hombres, me dio vergüenza de haber temido proseguir el viaje. Probablemente mi cochero experimentó la misma sensación, porque ambos dijimos a un tiempo: «Vamos a seguirlos».