Cuentos populares
Cuentos populares —¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo! ¿Será posible que no se encuentre un hombre?
—¿Qué pasa? —pregunto, saliendo al encuentro de la mujer que se lamenta.
Ésta se limita a volver la cabeza; hace un gesto y sigue corriendo. Luego, aparece Matriona. Es una anciana de ciento cinco años. Se sujeta el pañuelo de la cabeza con una mano y avanza a saltitos, arrastrando uno de sus pies enfundados en medias de lana. Se dirige hacia el estanque. Dos niñas corren de la mano y un chiquillo, como de diez años, que lleva una levita de adulto, probablemente de su padre, apenas si puede seguirlas.
—¿Qué ha ocurrido? —pregunto.
—Se ha ahogado un mujik.
—¿Dónde?
—En el estanque.
—¿Un mujik de los nuestros?
—No; uno que pasaba por aquÃ.
El cochero Iván camina presuroso por la hierba recién segada, haciendo crujir sus botazas, seguido del grueso administrador Yakov, que está sin aliento. Van hacia al estanque y yo los sigo.
Recuerdo que una voz interior me decÃa: «Arrójate al agua para salvar al mujik y todos se sorprenderán de tu proceder». Eso es precisamente lo que deseo.
—¿Dónde está? ¿Dónde? —pregunto a un grupo de criados que se han reunido en la orilla.