Cuentos populares
Cuentos populares —¡No pides casi nada!… Tendrás que conformarte con un vaso.
—¿Por un vaso de vodka vas a cansar a los caballos? —interviene otra vez.
Abro los ojos. Sigue nevando. Los insoportables copos de nieve revolotean ante mi vista; ahà están los mismos cocheros y los mismos caballos; pero diviso además otro trineo, junto al mÃo. Mi cochero ha alcanzado a Ignat y, durante un buen rato, vamos a su lado. A pesar de que, desde otro trineo, una voz le aconseja que no acepte menos de media botella, Ignat detiene su troika.
—¡Qué le vamos a hacer! Traslada las cosas del barin. Pero ya sabes, ¿eh? En cuanto lleguemos, tienes que pagarme el vaso… ¿Lleva mucho equipaje?
Mi cochero salta a la nieve con una viveza que le es impropia, se inclina y me ruega que me traslade al trineo de Ignat. Accedo. Sin embargo, está tan contento que siente necesidad de manifestarme su agradecimiento: me hace una serie de reverencias y me da las gracias, asà como a Aliosha y a Ignat.
—¡Gracias a Dios! De otro modo ¿qué iba a ser de nosotros? ¡Ay Señor! Media noche viajando sin saber adónde vamos. Padrecito, Ignat lo llevará. Mis caballos no pueden seguir. Están rendidos.
Y el cochero saca mis cosas con una actividad redoblada.