Cuentos populares
Cuentos populares Mientras tanto, impelido por el viento, me acerco al segundo trineo. Está cubierto de un palmo de nieve, sobre todo por un lado. Los dos cocheros han colgado una pelliza para preservarme del viento y dentro se está muy bien. El viejecito sigue con las piernas colgando, lo mismo que antes; y, el del cuento dice: «Cuando el general fue al cuarto de MarÃa, en nombre del rey, ésta le dijo: “General, no eres tú a quien amo, no puedo amarte; estoy enamorada del prÃncipe… Y cuando…» —continúa, pero, al verme, calla un instante y se pone a encender la pipa.
—¿Qué hay, barin? ¿Viene a escuchar el cuentecito? —preguntó uno de los hombres, el que daba consejos.
—¡Qué bien estáis aquÃ! —comento.
—¡Vaya! Es para no aburrirnos… AsÃ, al menos, uno no piensa…
—¿Sabéis dónde estamos?
Me parece que esta pregunta no agrada a los cocheros.
—¿Quién podrÃa saberlo? A lo mejor, en la tierra de los calmucos —replica el de los consejos.
—¿Qué vamos a hacer? —pregunto.
—Pues, nada. Seguir avanzando. Tal vez lleguemos a algún sitio —me contesta uno de ellos, en tono descontento.