Cuentos populares
Cuentos populares —Te estoy diciendo que no. ¡Si lo acabo de ver! —gritó Ignat, malhumorado.
—¡Qué cosas tienes! ¡Y eso que eres cochero!
—Ve a verlo tú, que también lo eres.
—¿Para qué? Lo sé sin necesidad de ir.
Sin contestar y muy enfadado, Ignat subió al pescante de un salto; y proseguimos el viaje.
—Se me han dormido los pies. No hay manera de que entren en calor —dijo a Aliosha, mientras sacaba la nieve que se le había introducido en la caña de las botas.
Me invadieron unas terribles ganas de dormir.