Cuentos populares
Cuentos populares No me asomé para ver cómo lo hacía, por miedo al frío. Permanecí erguido observando el caballo de varas, que había avanzado una pata y movía su cola atada y cubierta de nieve, en una actitud cansada. Me despertó la sacudida que produjo Ignashka al saltar al pescante.
—¿Dónde estamos? ¿Llegaremos antes del amanecer?
—¡Claro que sí! Esté tranquilo. Lo importante es que se me han calentado los pies, ahora que me he puesto otras botas.
Tiró de las riendas, resonaron los cascabeles y el trineo se puso en marcha balanceándose como antes. De nuevo empezamos a bogar por aquel infinito mar de nieve.