Cuentos populares
Cuentos populares Dos coches y un trineo se habían parado simultáneamente a la entrada del mejor hotel de Moscú. Un joven entró corriendo en el recibimiento para informarse si había habitaciones. El anciano que se hallaba en uno de los carruajes en compañía de dos señoras les explicaba cómo había sido el puente Kuznietzky en la época de los franceses. Proseguía una conversación que había iniciado al entrar en Moscú. El viejo llevaba una barbita blanca y la pelliza desabrochada. Charlaba tan tranquilo como si estuviese dispuesto a pernoctar en el coche. Su esposa y su hija lo escuchaban con interés, pero no sin lanzar miradas de impaciencia a la puerta. El joven salió del hotel acompañado del portero y de un mozo.
—¿Qué hay, Serguei? —preguntó la madre asomando el rostro extenuado, que iluminó la luz de un farol.
Fuese por costumbre o tal vez para que el portero no lo tomara por un criado, debido a la pelliza corta que llevaba, Serguei contestó en francés y abrió la portezuela. El anciano miró un momento a su hijo, pero luego siguió hablando en el interior oscuro del coche, como si lo demás no le concerniera.
—Aún no había teatro…
—Pierre —exclamó la esposa mientras se envolvía en la capa.
Pero el anciano no le hizo caso.
—La señora Chalmier estaba en Tverskoy…