Cuentos populares
Cuentos populares Este estado de cosas se repetía por segunda vez en Rusia en el transcurso del siglo XIX; la primera fue en el año 12, cuando se dio una paliza a Napoleón I, y la segunda, en el año 56, al proporcionarle otra a Napoleón III. ¡Grandiosa e inolvidable época la del renacimiento ruso! Lo mismo que aquel francés que afirmaba que quien no haya vivido en la época de la Revolución francesa no sabe lo que es vivir, me atrevo a asegurar que el que no haya presenciado el año 56 en Rusia ignora lo que es la vida. El que escribe estas líneas no solo vivió en aquella época, sino que fue uno de los hombres de acción. Estuvo varias semanas en uno de los blindajes de Sebastopol, y hasta escribió un relato acerca de la guerra de Crimea, que le dio mucha fama, y en el que contó detalladamente cómo tiraban los soldados desde los baluartes, cómo se vendaba a los heridos en los puestos de socorro y cómo se daba sepultura a los cadáveres en los cementerios. Una vez cumplidas estas hazañas, fue a la capital, donde se ciñó los laureles que le valieron sus heroicidades. Presenció el entusiasmo de ambas capitales, así como el del pueblo, y comprobó por sí mismo que Rusia sabe recompensar los verdaderos servicios. Los poderosos de este mundo querían conocerlo, le estrechaban la mano, le hacían homenajes, lo invitaban a sus casas y, para que les contara detalles de la guerra, le expresaban su sentir. Por tanto, el que escribe estas líneas puede apreciar aquella época grandiosa e inolvidable. Pero no hablemos de eso.