Cuentos populares
Cuentos populares Fue en la época en que, durante el jubileo de un actor de Moscú, surgió, fortalecida por un brindis, la opinión pública de que se debía castigar a los delincuentes; fue cuando amenazadoras comisiones de San Petersburgo corrían al Sur para descubrir y castigar a los malhechores de otras comisiones; fue cuando se daban por doquier comidas con discursos en honor de los héroes de Sebastopol, a los que se esperaba en los puentes y en las calles; fue en la época en que los talentos oradores se desarrollaban entre el pueblo con tal facilidad que un tabernero cualquiera, con cualquier motivo, escribía, imprimía y pronunciaba discursos tan violentos que los guardadores del orden se veían obligados a tomar enérgicas medidas contra su elocuencia; fue cuando se dispuso una sala en el club inglés, especialmente para examinar los asuntos sociales, cuando aparecían revistas, bajo los emblemas más diversos, que planteaban principios europeos para el suelo europeo, pero bajo un concepto ruso, y revistas exclusivamente para el suelo eslavo, con principios rusos, aunque desde el punto de vista europeo. Había una infinidad y parecían haberse agotado los títulos tales como El Noticiero, La Palabra, La Charla, El observador, La Estrella, El Águila, etc., y sin embargo, no cesaban de surgir otras. Fue en la época en que aparecían pléyades de escritores y pensadores que demostraban que la ciencia puede ser popular o no serlo, y multitudes de escritores y pintores que describían los bosques, el amanecer, las tormentas, el amor de la muchacha rusa, la indolencia del funcionario, etc. Fue en la época en que surgían por todas partes los problemas (así llamaban en el año 56 un conjunto de circunstancias que nadie podía resolver), los problemas del Cuerpo de Cadetes, de las universidades, de la censura, de los procedimientos judiciales, los problemas financieros, los bancarios, los de la Policía, de la emancipación y otros muchos. Se escribía, se leía, se proponían proyectos con el deseo de corregir, de cambiarlo todo y, como un solo hombre, todos los rusos sentían un entusiasmo indescriptible.