Cuentos populares
Cuentos populares —DecÃan que Piotr Labazov habÃa renunciado voluntariamente a su fortuna —observó uno de los oyentes.
—SÃ, pero lo hizo porque el prÃncipe Iván le escribió, antes de la coronación, diciéndole que, si no se hubiese hecho cargo de los bienes, los habrÃan confiscado; le decÃa que tenÃa varios hijos, que estaba cargado de deudas y que no le era posible devolverle nada. Piotr Labazov contestó con dos lÃneas.
«Ni yo ni mis herederos tenemos ni queremos tener ningún derecho sobre unos bienes que le ha adjudicado la ley».
—¿Qué les parece? El prÃncipe Iván guardó ese documento como oro en paño, en la caja fuerte, sin enseñárselo a nadie.
Una de las particularidades de aquella sala consistÃa en que sus visitantes sabÃan, si lo deseaban, cuanto ocurrÃa en el mundo, por muy secreto que fuese.
—A decir verdad, no se sabe si es justo quitar esa fortuna a los hijos del prÃncipe Iván; se han criado y educado gracias a ella, y creÃan ser los dueños.
La conversación derivó hacia temas abstractos que no interesaban a Pajtin. Sintió la necesidad de seguir divulgando la noticia. Empezó a recorrer las salas, lanzando la nueva a derecha e izquierda. Un colega lo interpeló al paso para anunciarle que habÃan llegado los Labazov.