Cuentos populares
Cuentos populares Como es natural, Pajtin se negó. Pero Piotr Ivanovich, con la hospitalidad propia de los rusos, insistió en que comiera y bebiera algo. Él, por su parte, tomó una copa de vodka y un vaso de vino de Burdeos. Pajtin observó que mientras Piotr Ivanovich escanciaba el vino, su mujer se había vuelto y su hijo lo miraba de un modo especial.
Después, Piotr Ivanovich contestó a una serie de preguntas de Pajtin, acerca de la literatura nueva, las nuevas tendencias políticas, la guerra y la paz (Pajtin tenía el don de reunir los temas más diversos en una conversación anodina y la hacía amena) con una profession de foi. Y fuese por el vino o por el tema de la conversación, el caso es que se exaltó hasta tal punto que le asomaron las lágrimas a los ojos; también Pajtin se dejó llevar por el entusiasmo y vertió unas lágrimas.
Estaba convencido de que Piotr Ivanovich se hallaba a la cabeza de los hombres de ideas avanzadas y de que debía nombrársele jefe de todos los partidos. Los ojos del anciano se encendieron; creía sinceramente en las afirmaciones de Pajtin y hubiera seguido hablando mucho. Pero Sonia había instado a su madre a que fuera a llamar a Piotr Ivanovich. El viejo acababa de escanciar en su copa el vino que quedaba, pero la muchacha se lo bebió.
—¿Qué has hecho?