Cuentos populares
Cuentos populares —Pardon, papá, es que aún no habÃa tomado ni una sola gota.
Labazov sonrió.
—Tenemos que ir a casa de MarÃa Ivanovna. Discúlpenos, señor Pajtin —dijo, saliendo con la cabeza erguida.
En el vestÃbulo se encontraron con un general que venÃa a visitar a Labazov; era un antiguo conocido suyo. HacÃa treinta y cinco años que no se habÃan visto. El general habÃa perdido todos los dientes y estaba calvo.
—¡Qué bien te conservas! —exclamó—. Por lo visto, Siberia sienta mejor que San Petersburgo. ¿Es tu hijo? ¡Qué buen mozo! ¿Vendrás mañana a comer a mi casa?
—SÃ; con mucho gusto.
En la escalinata se cruzaron con el célebre Chijaiev, otro antiguo conocido de Piotr Ivanovich.
—¿Cómo se ha enterado usted de que hemos venido?
—SerÃa una vergüenza para Moscú no haberse enterado, y es una vergüenza que no hayamos ido a las puertas de la ciudad a esperarlo. ¿Dónde comen ustedes? Supongo que en casa de su hermana MarÃa Ivanovna, ¿no es eso? ¡MagnÃfico! Ya iré yo por allÃ.