Cuentos populares
Cuentos populares A Piotr Ivanovich no le parecía ya ser un hombre tan importante como cuando estaba en la escalinata del hotel Chevalier. Permanecía sentado en una butaca con la cabeza entre las manos de su hermana. Tenía la nariz apretada contra el corsé de María Ivanovna, que le hacía cosquillas, los cabellos revueltos y los ojos llenos de lágrimas, pero se sentía a gusto. Cuando hubo pasado este arrebato de lágrimas producidas por la alegría, María Ivanovna comprendió lo que estaba sucediendo y empezó a examinar a todos detenidamente. En el transcurso del día, cada vez que recordaba cómo habían sido ella y su hermano y en lo que se habían convertido, se representaba todas las desgracias, las alegrías y los amores de entonces, y volvía a repetir: " ¡Qué tonto eres, Pretrusha! ¿Cómo no me has avisado? ¿Por qué no habéis venido directamente a mi casa? Os hubiera alojado aquí. Al menos, comeréis conmigo. ¿Verdad? No te aburrirás, Serguei. He invitado a comer a un joven de Sebastopol, un muchacho muy valiente. ¿Conoces al hijo de Nikolai Mijailovich? Es escritor. Ha escrito algo muy interesante. Yo no lo he leído, pero todos lo alaban mucho, Es un muchacho muy agradable. Lo invitaré también. Chijaiev tenía intención de venir. Es un charlatán, no lo quiero. ¿Ha ido a verte? ¿Has visto a Nikita? Bueno, pero todo eso son tonterías. ¿Qué te propones hacer? ¿Cómo está usted de salud, Natalia? ¿Qué pensáis hacer con este joven y con esta linda muchacha?"