Cuentos populares
Cuentos populares —Entonces, padrecito, mandaré que lleven mi maleta a la habitación —gritó Turbin desde la puerta.
—SÃ, sÃ. Esto me honrará mucho —replicó el de caballerÃa, precipitándose en pos de él—. No olvide que es el número siete.
Cuando se dejaron de oÃr los pasos de Turbin, el de caballerÃa volvió a su sitio. Se sentó junto a un funcionario y lo miró con ojos risueños, exclamando:
—¡Pero si es él!
—¿Quién?
—El del duelo, el célebre Turbin. Ha debido de reconocerme. Me apuesto cualquier cosa a que me ha reconocido. Hemos pasado tres semanas juntos, divirtiéndonos de lo lindo en Lebedián. Fue en la época en que estuve en la remonta. Allà armamos una buena entre los dos: por eso ha fingido no conocerme. Es un buen mozo, ¿verdad?
—¡Ya lo creo! ¡Y muy simpático! —replicó el joven apuesto—. En seguida nos hemos hecho amigos… No debe de tener más de veinticinco años, ¿verdad?